Cuando pienso en mi colegio Don Bosco, no pienso solamente en las aulas, las materias, las tareas o los profesores. También pienso en las experiencias que vivimos como estudiantes, en los momentos que compartimos y en cómo, poco a poco, vamos cambiando. El año pasado, nuestro lema fue “Buenos Cristianos y Honrados Ciudadanos”, una frase que nos invitaba a ser mejores personas, respetar a los demás y actuar correctamente. Este año 2026 tenemos un nuevo lema: “Hagan lo que Él les diga”. Para mí, ambos lemas tienen un significado especial, porque nos hacen reflexionar sobre nuestras acciones y sobre la clase de personas que queremos llegar a ser.

Al observar esta fotografía del año pasado, puedo imaginar cómo era nuestra convivencia en ese momento. Vemos a varios estudiantes reunidos dentro de la iglesia, compartiendo el mismo espacio y participando en una actividad. En ese año todavía no teníamos la prohibición del celular que existe actualmente. Aunque la tecnología ya estaba presente en nuestras vidas, había momentos en los que podíamos concentrarnos más en lo que estábamos viviendo y en las personas que teníamos alrededor.
Estas actividades podían unirnos como estudiantes. Nos daban la oportunidad de conversar, compartir y crear recuerdos. Sin embargo, también debemos reconocer que no todos vivíamos esas experiencias de la misma manera. Para algunos compañeros, participar en determinadas actividades podía ser algo agradable y significativo, mientras que para otros podía sentirse como una obligación. Esto demuestra que estar juntos físicamente no siempre significa sentirnos unidos. La verdadera convivencia necesita respeto, compañerismo y voluntad.

Esta segunda fotografía también pertenece al año pasado. Al verla, puedo observar a muchos estudiantes reunidos durante una actividad. Cada persona seguramente tuvo una experiencia diferente en ese momento, pero todos formaban parte de una misma comunidad. Quizás algunos recuerden esa actividad con alegría y otros simplemente como una obligación, pero, de una u otra manera, estos momentos forman parte de nuestra historia como estudiantes de Don Bosco.
Al pasar del 2025 al 2026, nuestra realidad también cambió. El celular se ha convertido en una herramienta muy importante en nuestra vida. Lo utilizamos para comunicarnos, estudiar, buscar información, entretenernos y mantenernos conectados. Sin embargo, también puede convertirse en una distracción cuando ocupa demasiado nuestra atención.
Por esta razón, este año nuestro colegio decidió prohibir el uso del celular durante la jornada escolar. Los estudiantes debemos dejar nuestros teléfonos en la Dirección. La mayoría cumple con esta norma, aunque hubo algunos compañeros que intentaban conservar sus celulares escondidos dentro de sus mochilas.
Esta situación me hace reflexionar. Tal vez no nos damos cuenta de cuánto nos hemos acostumbrado a tener el celular cerca hasta que tenemos que dejarlo. Para algunas personas puede resultar difícil pasar varias horas sin revisarlo. Esto demuestra que la tecnología no solamente ha cambiado la forma en que nos comunicamos, sino también algunos de nuestros hábitos y nuestra manera de relacionarnos.
Pero tampoco creo que el celular sea algo malo. Es una herramienta que puede ser muy útil si sabemos aprovecharla correctamente. El verdadero desafío está en aprender a utilizarlo con responsabilidad. Podemos disfrutar de la tecnología, pero también debemos saber cuándo es momento de apagar la pantalla, levantar la mirada y prestar atención a quienes están a nuestro lado.
Aquí encuentro una relación con el lema de este año: “Hagan lo que Él les diga”. Estas palabras nos invitan a escuchar las enseñanzas de Jesús y, sobre todo, a demostrar que las hemos comprendido mediante nuestras acciones. No basta con conocer un lema; debemos intentar convertirlo en una forma de vivir.
Podemos hacerlo mediante acciones sencillas: respetar a nuestros compañeros, escuchar cuando alguien nos habla, ayudar a quien lo necesita, ser honestos y cumplir las normas. Incluso dejar el celular cuando corresponde puede ser una pequeña muestra de responsabilidad y respeto hacia nuestra comunidad.
El lema del año pasado, “Buenos Cristianos y Honrados Ciudadanos”, también permanece como una enseñanza importante. Ser un buen cristiano no consiste solamente en participar en actividades religiosas. También se demuestra en la manera en que tratamos a las personas, en nuestra solidaridad, en nuestra honestidad y en las decisiones que tomamos cada día. Ser un honrado ciudadano significa comprender que nuestras acciones tienen consecuencias y que también somos responsables de contribuir a una buena convivencia.
Creo que nuestra generación no es peor que las anteriores. Simplemente vivimos una realidad diferente. Los estudiantes de antes tuvieron sus propios desafíos y nosotros tenemos los nuestros. Uno de ellos es aprender a convivir en una época donde la tecnología está presente prácticamente en todo momento.
Por eso, cuando observo estas fotografías de 2025, no solamente veo a estudiantes reunidos. También veo una parte de nuestra historia. Me hacen pensar en que, aunque cambien los años, las generaciones y la tecnología, siempre vamos a necesitar algo que ninguna pantalla puede reemplazar completamente: la amistad, el respeto, la conversación y los momentos compartidos.
No se trata de decir que antes todo era mejor ni de rechazar la tecnología. Nuestra generación tiene que aprender a vivir con ella y aprovechar sus beneficios. Pero también debemos aprender a poner límites y a comprender que existen momentos en los que una conversación con un compañero puede ser más importante que mirar una pantalla.
Como estudiante de Don Bosco, pienso que cada uno de nosotros puede contribuir a mejorar la convivencia. No necesitamos hacer algo extraordinario. A veces basta con saludar, escuchar, ayudar, respetar una norma, dejar el celular cuando corresponde o simplemente conversar con alguien que tenemos cerca.
En conclusión, siento que el cambio del lema “Buenos Cristianos y Honrados Ciudadanos” a “Hagan lo que Él les diga” nos deja una reflexión importante. Los valores que aprendimos el año pasado no desaparecen; podemos llevarlos con nosotros y demostrarlos a través del nuevo lema.
Las fotografías de 2025 nos recuerdan momentos de convivencia que forman parte de nuestra historia, mientras que lo ocurrido en 2026 nos muestra que estamos viviendo una nueva etapa y enfrentando nuevos desafíos. Quizás algún día nosotros también observemos fotografías de nuestra generación y recordemos cómo era nuestro colegio en este tiempo.
Por eso, me gustaría que cuando llegue ese momento podamos mirar atrás y sentir que aprovechamos nuestra etapa escolar, que valoramos a nuestros compañeros y que aprendimos a convivir incluso en medio de tantos cambios. Porque, al final, un lema no debería quedarse solamente escrito en una pared o en una hoja. Debe estar presente en nuestras decisiones, en nuestra manera de tratar a los demás y en la persona que elegimos ser cada día. Y si realmente queremos vivir el lema de este año, debemos intentar escuchar y poner en práctica aquellas palabras: “Hagan lo que Él les diga”.
La Voz Don Bosco