Durante mucho tiempo, los teléfonos en clase fueron una distracción habitual que afectaba la atención en las diferentes materias. Para cambiar esta situación, el colegio implementó una regla estricta: prohibir el uso de celulares durante la jornada escolar con el fin de evitar distracciones y fomentar la convivencia.

El cambio más grande se nota en los recreos. Antes, la mayoría pasaba el tiempo libre mirando pantallas de forma individual. Ahora, las canchas y los salones volvieron a llenarse de estudiantes jugando, conversando y compartiendo frente a frente. Al mismo tiempo, en el aula disminuyeron las interrupciones, lo que ayudó a mejorar la concentración y el seguimiento de las clases.

Dado que las nuevas normas sancionan estrictamente a quien use el teléfono en horario escolar —lo que dificulta su devolución—, lo más recomendable para evitar problemas es guardarlo en el mueble de la dirección al ingresar. Dejar el celular por unas horas ha permitido enfocarnos mejor en el estudio y recuperar la convivencia entre compañeros. 

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